El camino de las sombras – Brent Weeks: reseña y cuestión lingüística sobre «muriente»

Hoy toca comentar El camino de las sombras, primer volumen de una de las trilogías más aclamadas de la literatura fantástica: El ángel de la noche, de  Brent Weeks.

el_camino_de_las_sombras

La novela relata la historia de Azoth, un pequeño huérfano que habita en los peligrosos suburbios de Cenaria, donde se ve obligado a robar para subsistir y a someterse a toda clase de crueldades y humillaciones.  Sin embargo, Azoth está decidido a abandonar esta vida colmada de penurias, por lo que hará lo que sea necesario para convertirse en el aprendiz de Durzo Blint, uno de los asesinos a sueldo más reconocidos de Cenaria. Así es como el lector presenciará como Azoth se transforma en Kylar (palabra que en la ficción se trata de un juego de palabras proveniente del jaerano antiguo y cuya pronunciación es similar a la de «killer» en inglés), desapareciendo así de la vida que antes conocía y alejándose de sus dos únicos amigos en el mundo, Jarl y Muñeca, para entregarse a su formación como asesino. Le aguarda un duro entrenamiento; no sólo en el aspecto físico, sino en el psicológico. Su nueva identidad lo obliga a congelar sus emociones, alejar su futuro de cualquier derrotero  próximo al amor que, como Durzo sentencia, se trata de un «nudo corredizo». Pero Azoth, torturado y decidido, acepta firmemente este oscuro camino a través de las sombras con el objetivo de no volver a experimentar el miedo nunca más.

Ya veremos como pronto Kylar no puede mantener tan imparciales sus emociones. Poco a poco, a una trama en apariencia sencilla, comienzan a sumarse personajes como Logan de Gyre, un joven duque que trabará amistad con Kylar, y otros personajes de la nobleza (ya me parecía rara la ausencia de reyes, príncipes, condes y demás cortesanos al comienzo de la novela, teniendo en cuenta que se trata de literatura fantástica). Así mismo, se comenzará a escuchar hablar del Saka’gé, una misteriosa organización compuesta por los líderes de los bajos fondos de Cenaria. Con sutileza, Brent Weeks teje una tormenta sobre el argumento que, de vez en cuando, deja escapar un relámpago… hasta que hacia el final de la novela los irreprimibles truenos ensordecen al lector obligándolo a taparse los oídos para darse cuenta de que el estruendo tan sólo se acallará comenzando el segundo libro.

Kylar Stern (imagen tomada de http://sykugen.deviantart.com/)
Kylar Stern (imagen tomada de http://sykugen.deviantart.com/)

El factor mágico tarda en aparecer, pero lo hace de manera disimulada y, por consiguiente, más interesante. Uno de los hechos que aprecio en la literatura fantástica es que no se empiece a hablar de la magia al comienzo de la historia y que podamos tener la sensación de que nos encontramos ante una simple novela de aventuras ambientada en el medievo hasta que por fin surge un elemento desconcertante. De esta manera, el lector puede conocer con sorpresa la extraña habilidad denominada Talento que al parecer poseen algunos de los personajes.

Uno de los aspectos que me repelía a la hora de comenzar esta saga es el enfoque del protagonista hacia lo que considero el prototipo del asesino en serie. El autor presenta un personaje martirizado que decide volverse cruel y frío para escapar del sufrimiento, pero así mismo se condena a padecer una vida solitaria… y claro, el lector imagina sin duda que su espíritu benévolo, ligeramente romántico y, para colmo, heroico,  lo llevará con el tiempo a combatir contra esta última imposición. Así mismo, su maestro, de nuevo típicamente, se delata como un personaje frívolo, estricto  y entregado a su siniestra labor, pero que en el fondo no es tan impasible y cruel como puede aparecer. De todas maneras, he presenciado con interés la difícil relación entre Kylar y Durzo con curiosidad, y es que uno de los rasgos que me han encantado de esta novela son  los leves trazos de sentimentalismo.

Durzo Blint (imagen tomada de http://www.deviantart.com/art/durzo-listening-129907405)
Durzo Blint (imagen tomada de http://www.deviantart.com/art/durzo-listening-129907405)

A mi parecer, el Ángel de la noche se presenta como una saga masculina y dura, repleta de «machotes», peleas, heroísmo… Leyéndola me imaginaba al público más juvenil soñando con convertirse en Azoth, volviéndose un implacable y «molón» asesino al modo de otros héroes como puede ser Desmond Miles del videojuego Assassin’s Creed (pero vaya, que a las mujeres por supuesto también nos puede gustar este tipo de literatura. Creo que ya hemos superado el estereotipo de que el público femenino prefiere las novelas cursilonas a las de acción). No obstante, pese a que esta saga pueda tener este enfoque, los hombres como bien sabemos tienen sus sentimientos, y me encanta cómo el autor pretende empapar su obra con tenues tonos emotivos. Me parece que deja una sensación diferente a las de las escritoras cuando quieren esbozar una escena sentimental.  Creo que si las mujeres que estén leyendo esto ahora mismo  le han pedido alguna vez a sus novios/maridos que les digan algo bonito y estos les han respondido con torpeza pero con todo su empeño, comprenderán lo que les digo.

Es así como los diversos personajes (Mamá K, Elene, el conde Drake…) nos irán abriendo poco a poco su corazón, desenterrando las emociones de esta saga que en apariencia puede resultar tan violenta.

Otro de los detalles que me han llamado la atención en la novela, es como se hace mención a la prostitución y, sobre todo, a la homosexualidad. Así mismo, me parece curioso observar cómo se describen los grupos étnicos a los que pertenecen los diversos personajes de la novela y que tienen sus semejanzas con los existentes en la Tierra real. El mundillo de las artes marciales orientales también encuentra su reflejo en esta historia.

Acabando con el análisis de la trama, me gustaría pasar a hablar un poco de cuestiones lingüísticas, y es que me ha llamado mucho la atención una de las palabras a las que habitualmente recurre el autor en esta novela: «muriente» (como aparece por ejemplo en el fragmento: «Tu muriente hizo esto. Un muriente no debería hacer nada. Un muriente está muerto»). La he buscado en varios diccionarios como el DRAE y el María Moliner, pero no figura en ninguno de ellos. Llevada por la curiosidad, he buscado la palabra original que había utilizado Brent Weeks: «deader». Esta tan poco aparece en los diccionarios más fiables de la lengua inglesa como pueden ser el Oxford o el Macmillan, pero sí en la página web www.yourdictionary.com:

deader

Adjective

(figuratively, humorous) comparative form of dead: more dead; or at least more evidently dead.

He was deader than a dead dog’s bone buried down a blind alley off a dead-end street in a ghost town. Man, he was dead.

Noun

(plural deaders) (figurative or humorous, informal) One who is deceased, or will shortly become so.

I could tell he was a deader by the way his eyes were glazed over; there was no life left in those eyes.

Es decir, como adjetivo puede significar una persona «muerta, muy muerta o al menos evidentemente muerta». Como sustantivo, se define como una persona que está muerta o que lo estará pronto, lo cual a mi parecer coincide con lo que ha querido expresar Weeks con esta palabra. Además, en www.es.urbandictinonary.com encontré la siguiente acepción:

deader

To make something deader, you must first kill it, then kill it a second time (and maybe a third time, just to be on the safe side)

I killed Shmouze, and to make sure he didn’t come back as a zombie, I made him deader.

Es decir, un «deader» sería una persona rematada una vez muerta.

Como podéis ver, la palabra «muriente» en su versión original resulta un tanto humorística. Y ahora, centrándonos en el español, ¿sería correcto utilizarla? Tras una pequeña investigación, he descubierto que a la hora de crear neologismos por derivación nos podemos encontrar con «palabras posibles» que se ajustan a las reglas de formación de neologismos y que pueden aparecer o no en los diccionarios (en el caso de que sí serían «palabras existentes») y «palabras imposibles» que no obedecen a las reglas establecidas. A veces las palabras nuevas no son muy utilizadas y por ello no figuran en los diccionarios, pero no por ello son incorrectas. «Muriente», por tanto, sería una palabra posible que no aparece en el diccionario pero que es correcta (para más información, podéis consultar la página http://www.hispanoteca.eu).

De todas maneras, para saber más sobre el uso de esta palabra, la he buscado en el Corpus de Referencia del Español Actual, y solo me aparecen 11 resultados, en los que se detalla que 3 son de España, 4 de Argentina, 2 de Perú, 1 de Chile y otro de Guatemala. Curioseando un poco, he leído en un foro del centro virtual Cervantes (http://cvc.cervantes.es/foros/leer_asunto1.asp?vCodigo=50314) que «muriente» no es muy utilizado en el español peninsular, pero sí en la literatura culta hispanoamericana. Es así como, por ejemplo, Gabriela Mistral suspira en su poema Otoño:

A esta alameda muriente

he traído mi cansancio,

y estoy ya no sé qué tiempo

tendida bajo los álamos,

que van cubriendo mi pecho

de su oro divino y tardo.

Así mismo, Gerardo Diego expresa:

Muriente estás,

muriendo acreditado,

muriente permanente e instantáneo,

moribundo mas no muerto,

moribundo mas no mortal.

¿Es correcto pues haber traducido «deader» por «muriente»? Ya que se ajusta a las reglas de formación de neologismos, por supuesto que sí. Acabando por fin esta pequeña aclaración que espero haya resultado curiosa, cierro esta entrada con la siguiente conclusión:

El camino de las sombras es una novela de acción cuyos personajes pueden parecer estereotipados, pero pronto la cada vez más enrevesada trama revelará que no se trata de una simple historia sobre sicarios, nobles e intrigas. En el argumento hay momento para todo: peleas, engaños, diálogos, magia… La evolución de los personajes, desvelando sus pensamientos y emociones tras sus frías fachadas, sorprenderá más de una vez al lector. La novela comienza muy fuerte pero luego tiene un breve parón hasta que la historia empieza a tomar forma a partir de unos hechos que parecen aislados, arrastrando enseguida a pasar las páginas, sobre todo hacia el final cuando ciertos inesperados sucesos te invitan a coger el próximo libro, por lo que espero poder leer pronto Al filo de las sombras.

Un saludo y espero que hayáis disfrutado de la reseña 😉

TRILOGIA ANGEL DE LA NOCHE

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